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Días de Festival

SÁBADO 9

Malick

La primera duda que tuve cuando empecé a armar mi altamente sofisticado y colorido doc con la programación del festival, fue qué hacer con Terrence Malick. Desde hace algunos años mi método de selección arranca con un sobrevuelo que arroja nombres que conozco, selecciono los que me interesan y paso a la siguiente fase.

Malick fue, quizás junto con Mekas, una de las personas que me enseñó de manera informal en qué consistía el montaje. También representó, a través de La Delgada Línea Roja, un puntal del pensamiento filosófico del pequeño Juani. Hasta hoy que mastico algunas frases y regreso a ciertos lugares mentales; incluso escribí un poema para exorcizarlos, sin suerte. En síntesis, Malick me introdujo, junto con otro puñado de gente, en el “otro cine” del cine comercial que curtí durante mi adolescencia. Cuando lo conocí, acababa de filmar The New World y sostenía una fama de bigfoot de la industria, esto en más de un sentido. Creo que el punto de inflexión en su carrera es Tree of Life, que de alguna manera coincidió con el viraje en mi percepción de sus películas.
Cuando estrenaron esta última fui a verla con un amigo. A la salida, él dijo que le había parecido una reverenda cagada y yo, que era lo más impresionante que había visto en una sala de cine. Nos separamos tras intercambiar varias veces las mismas opiniones (es una cagada, es increíble, una cagada…). De ahí en adelante creo que la carrera de Malick fue cuesta abajo, y retrospectivamente puede ser que Tree of Life caiga en la misma volteada o que haya conjurado el desastre. De alguna manera logró tomar lo que definía su cine y volverlo una serie de quistes que se repiten película tras película. O por ahí su productividad tardíamente adquirida expuso elementos que estaban latentes y que a fuerza de repetición se transformaron en una especie de autoparodia. La última cosa que vi de él fue To the Wonder, que es más o menos una exposición de lo dicho. Todo esto desde la perspectiva del recuerdo que tengo de su cine, dado que no volví a ver ninguna de sus películas fuera LDLR.

A Hidden Life son tres horas del Malick que ya conocemos. Fotografía panteísta, devaneos metafísicos de personajes paseando (hay dos momentos para la metafísica, al sentir de Malick: uno es el walkabout y el otro es el sufrimiento, en general un calvario en el sentido cristiano), montaje fluido, incluso medio cubista, voces en off de la conciencia de los personajes, y algunas veces, de un personaje NN siempre fuera de campo que bien podría ser Dios o “el Hombre” (es decir, el ser humano en su relación con Dios). Lo que antes quedaba por fuera de la metafísica cristiana y podía caer en una suerte de existencialismo o, por lo menos, en una sana polifonía, ahora deviene en una oración, decir, un ejercicio personal de conexión con Dios. O más bien se nos revela que lo que viene haciendo Malick es incurrir una y otra vez en los interrogantes del Libro de Job (o alguna otra pena teológico-existencial), del que no puede ni quiere salir. Es entendible que, en sus manos, el cabezadura Witt y el vigoroso Welsh de las novelas de James Jones, se conviertan en un metafísico Jim Caviezel y un nihilista Sean Penn, que articulan el drama de la existencia que interesa a Malick.
La peli en cuestión propone el drama bélico de un objetor de conciencia, que a diferencia del Desmond Doss de Mel Gibson, que quiere ir a la guerra pero no disparar un solo tiro, directamente se niega a ser reclutado por el Reich. Si bien los casos de ambos reclutas manifiestan dos grados diferentes de estupidez, la película de Gibson se lanza más temprano que tarde a un festival de acción sensiblemente plástica y la de Malick se convierte alrededor de la mitad en el padrenuestro del protagonista, en cuyas manos encomienda su espíritu. Y todavía queda una hora y media. Hacksaw ridge por lo menos se propone como espectáculo, A hidden life depende de que queramos compartir su calvario.

En definitiva, supongo que es momento para mí de cerrar el libro de Terrence Malick. Para eso fui al cine. Retrospectivamente creo que Badlands es lo que más me gusta de él (tiene a Martin Sheen haciendo la maniobra de la chaqueta), aunque tengo pendiente un regreso a La Delgada Línea Roja para saldar cuentas.

Los muchachos de antes

Habiendo visto cero películas de José Martínez Suárez, más que nada porque son inconseguibles a través de mi circuito corriente de manoteo de películas, caí a Los muchachos de antes no usaban arsénico para ver qué onda el cine del señor hecho de cine.

El título me hacía pensar en mi abuelo Bicho y cuando me senté en la sala, pude comprobar que los tres viejos protagonistas eran todos mi abuelo Bicho. Durante la función googleé a Mario Soffici para comprobar que no sólo era el más parecido de los tres sino que había hecho un chiste sobre sí mismo en la escena del río. Aparentemente la peli está regada de intertexto y referencias que fui incapaz de reponer, por ejemplo, a Los muchachos de antes no usaban gomina, la del 37, la del 69, o las dos. Este recurso por lo general introduce una intención que puede ir de la erudición pedorra al diálogo político. Hasta acá mis sospechas y mi capacidad de desciframiento.

Teóricamente Los muchachos de antes… es una comedia negra, un género que, creo, está mayormente en desuso en el cine actual de alta rotación, a no ser por algunos pasajes de algunas películas de los Coen. Estaría bien que alguien pruebe que me equivoco. La peli tiene muchísima muñeca y creo que al cine argentino de hoy le haría bien volver a verla.
Sin embargo fallé en identificarme con los viejos picarones, la llave para disfrutarla completamente y sin culpa. En lugar de eso, sentí pena por el personaje de Mecha Ortiz que lloraba y fumaba viendo las cintas de sus días de gloria (esta es fácil, incluso sin diccionario) y pensé que los tres viejos eran unos forros femicidas, aunque bastante ingeniosos. Lo único que querían, en definitiva, era quedarse con la casa y vivir tranquilos los últimos días de su amistad, sin sus mujeres. También pienso si no habrá sido una tarantineada de parte de la organización del festival ponerla como película de apertura. Si no, es de una ingenuidad asombrosa.

Un par de cosas más: muy hermosa Bárbara Mujica y muy gracioso el frasco con la calavera y las tibias en rojo. Alejandro Szykula le hubiera puesto “VENENO”.

DOMINGO 10

Sirena me recordó a El Abrazo de la Serpiente por obvias razones. Antes de que arrancara, el presentador, cuyo nombre no recuerdo pese a que van varios festivales que está en esa, destacó la primera toma de la película, una subacuática con burbujas, que el blanco y negro hace todavía más hermosa. Creo que la toma que abre cualquier película es clave, aunque en este caso vale por sí misma más que por su relación con el todo.

Después de la función, el director Carlos Piñeiro se quedó para el clásico Q&A, que fue, a rasgos generales, el que más me gustó del festi. Aclaró que el blanco y negro venía a absorber un poco la tremenda potencia paisajística del Titicaca y acercar el campo a los personajes. En un momento alguien señaló que era inusual y bueno recibir una película boliviana en el festival porque no se proyectaban muchas. Piñero dijo que lo que se podría llamar “cine boliviano” no existe, y que en su lugar hay una búsqueda. La producción es muy dificultosa porque no hay financiamiento estatal ni interés privado por producir cine autóctono. Él mismo pertenece a la única camada de graduadxs de cine de la UCB, dado que la carrera cerró tras su paso. Sacaron la película adelante aplicando a proyecciones WIP de festivales y mangueando acá y allá. Antes de hacer su pregunta, uno que estaba en primera fila se solidarizó con “el difícil momento del pueblo boliviano”. El golpe todavía no había ocurrido y Piñeiro le agradeció el gesto antes de contestar.

Días después me acordé de este momento y pensé cómo se sentiría estando acá en Mar del Plata en medio del cimbronazo que está sufriendo su país.

Tarde

Regalé las entradas para Parasite por varias razones: María se bajó, no me sentía bien con los coletazos de mi conjuntivitis que ya cerraba su segunda semana y pensé que la peli estaría disponible por torrent más o menos pronto. Antes de que la función empezara, ya la tenía bajada. En las redes leí gente endiosándola y gente pinchando globos. Yo banco a Bong sin amarlo y espero que no le haya echado lavandina a su cine.

Renunció Evo y se va perfilando el golpe de estado. La información sobre lo que pasa en Bolivia es confusa y las redes se incendian.

LUNES 11

Los últimos dos o tres años me tomé la semana de vacaciones para poder aprovechar el festival a pleno y además sobrevivir a los parciales que usualmente aparecen por esos días. Normalmente termino aprovechando el festival a pleno y pateando los parciales para dos semanas después. Este año es diferente: no tengo la semana de bonus porque la gasté en vacaciones de invierno, todavía tengo rastros de conjuntivitis y rindo un parcial el jueves que no puedo patear. Elijo una o ninguna peli por día con calma zen.

Nina Menkes I

A soft warrior, de Nina Menkes, es un corto tan opaco que la propia Nina Menkes tiró algunas claves antes de que arrancara. Se supone que iba a hacerlo después pero se pegó un palo antes de la función y le consiguieron unas muletas para que, por lo menos, pudiera quedarse a recibir su premio a la trayectoria. Queen of Diamonds es menos opaca y la mejor que vi hasta ahora. A rasgos generales, va de una chabona (Tinka Menkes) que trabaja en un casino y el core de la peli es una larga escena de ella trabajando en un casino. Antes y después hay unas secuencias mundanas un poco enrarecidas que giran en torno al mismo personaje y una pareja, en la que el tipo faja a la mujer, que se termina casando. La fiesta de casamiento, al borde de un lago, me hizo pensar en la escena de la comida de Loulou, de Pialat. La mundanidad algunas veces tiene resultados algo surrealistas, como la palmera incendiándose, y otras veces produce secuencias desdramatizadas como la muerte del viejo que cuida el personaje de Tinka, medio en plan “uy, se murió el viejo”. Queen of Diamonds es como si al frotar el tedio lo suficientemente fuerte ocurriera algún tipo de magia. Y otras veces, nada.

Bolivia

“La Biblia vuelve al Palacio” dice la autoproclamada presidenta Jeanine Áñez, levantando sobre su cabeza una cosa con moho de siglos.
Las movilizaciones en el Alto al grito de guerra civil me paran los pelos de la nuca. Me pregunto si estamos asistiendo a algo que Latinoamérica no vivía hace tiempo.

Miike

Segunda función suspendida: First Love de Takashi Miike. Ya no tengo veinte años y no sé qué estaba pensando cuando saqué entradas para una peli que arrancaba a las 23:59, siendo que tenía que levantarme a las 7 para ir al trabajo. Tampoco sé muy bien por qué sigo viendo películas de Miike si pierdo dos neuronas cada vez, pero supongo que tienen un componente magnético. Me pasa algo parecido con Sono.

Miike comparte con Aira la inventiva ilimitada, la altísima productividad y los zero fucks que les importa el espectadorx (o lectorx). Lo sorprendente es que filmar una película, aunque sea trashera, implica, por bastante, una mayor movilización de energía y recursos que escribir una novuelle y acercársela a tu ya regaladísimo editor. Incluso así Miike se despacha con dos por año, y en sus años más salvajes, cinco o seis. Guardo gratos recuerdos de algunas amputaciones de Ichii the Killer y de una de las pocas veces que llegué a apilar cuatro películas del festival en un día, con Yakuza Apocalypse a las cero cero de la noche para coronar. Cabeceaba y se me salía la baba por un costado de la boca mientras, en pantalla, una rana karateka crecía hasta alcanzar tamaño de kaiju.

Notas al pie. First Love tiene un poster de colección, que en un principio pensé dibujado por Kentaro Miura (error producto de una sobredosis de manga) pero está dibujado por el igualmente crack Katsuya Terada. Por otro lado, me urge ver Sukiyaki Western Django, de Miike, obvio, que tiene un feat de Tarantino y posiblemente el mejor engrish que vas a escuchar en tu vida.

MIÉRCOLES 13

Mañana rindo pero la suerte está echada.

Hace un par de semanas volví a escuchar PJ Harvey y comenté en casa que siempre me gustó mucho su música pero recién hace poco me cayó la ficha de que realmente es una artista increíble. Su último disco, que ya tiene un par de años, es The Hope Six Demolition Project, y A dog called Money es un documental sobre la grabación y los viajes que inspiraron la composición, mayormente a zonas de mucha pobreza y marginalidad. El disco, en la ley de PJ, suena crudo y las letras son las menos líricas que haya compuesto. Los videos de algunos de los singles (o como se llamen en la era YouTube) son, básicamente, fragmentos de este documental, una especie de teasers. 

Es difícil aterrizar en A dog…; los primeros minutos se sienten como los primeros minutos de esa gente que ganó la posibilidad de ver a Polly y compañía grabando dentro de una pecera blanca, sin tazas a la vista, porque quedan feas. También es difícil sacarse el sabor agrio a búsqueda de pintoresquismo tercermundista que parece motivar el tour. Es probable que Seamus Murphy haya levantado toneladas de material de zonas arrasadas de Afganistán y Siria, y de la atroz frontera de Macedonia, que ya vi cubierta extensamente en el documental de Ai Weiwei (Human flow) el año pasado, algo que de por sí deposita mucha expectativa sobre el montaje. A medida que avanza, esta alternancia mundo-estudio de afianza y aparecen dos cuestiones paralelas: por un lado, la distancia total de PJ y sus músicos con el mundo que visitan, y por el otro, las grabaciones que adquieren cuerpo y nos muestran el arte vivo de la banda. Las tomas documentales están bien, pero hay una disyunción en el medio. Alain Johannes, John Peel y la propia Polly son criaturas que está bueno ver en la pecera y hasta podríamos quererles. El problema es que estudio y mundo no cuajan (habría que ver si es posible siquiera) y el documental es fundamentalmente eso. El corte aproxima tanto las realidades antagónicas que produce un efecto de eyección: la escena del coro musulmán es casi una alegoría tosca del colonialismo. Hay otras decisiones que no entiendo, como recitar poesía objetivista sobre las propias imágenes que la inspiraron, generando un efecto de literalidad medio cómico. Y la que compromete todo: la película parece ser cien por ciento ciega al ida y vuelta que su propia sintaxis ensambla, volviendo demasiado palpable esta situación en la que miramos a una mujer que mira el mundo por la ventana, que se da tan seguido en el festival .

Bolivia

En los últimos días fueron apareciendo columnas que echan algo de complejidad al panorama boliviano según lo plantean los grandes medios argentinos, que discuten en mayor medida el costado técnico de golpe-sí, golpe-no, respaldados por las turbas de las redes. Lo que hay detrás, obviamente, es la discusión de si el arribo al poder de la derecha tiene algún tipo de respaldo institucional; básicamente si la apropiación es legítima. Con la poca cintura que caracterizó sus dos segundos años de mandato, Macri espera para hacer declaraciones.
Atilio Borón, aun con la sangre en el ojo, casi le hace un guiño al trotskismo señalando la ingenuidad de descansar en el respaldo de la policía y el ejército y apostar a las políticas de apaciguamiento. La jugada de la derecha, dice, es de manual. El trotskismo en cuestión viene haciendo gran uso de sus 280 caracteres para, por ejemplo, rechazar la renuncia de Evo (por ahí Manuela Castañeira se equivocó de MAS) y llamar al pueblo a resistir en la calle. Raúl Zibechi, referencia que me importa, acusa a Evo de desarticular y atacar los movimientos populares en los que tendría que haberse apoyado. Se hace eco de la declaración de la portavoz de Mujeres Creando, María Galindo, que acusa a dos fascismos de dividir Bolivia: el de la derecha blanca y católica, que la mayoría identificamos con Santa Cruz de la Sierra, y a esta altura de las circunstancias, con Fernando Camacho y Jeanine Áñez, y el del aparato del MAS y afines. Si bien hablar de dos fascismos me parece medio hiperbólico (a menos que sea una forma de dar cuenta de la experiencia de las bases), creo que sí podemos hablar una derecha fascistoide minoritaria pero con penetración en el estado y sus instituciones, y un MAS burocratizado cuyas alianzas de último término fueron girando poco a poco hasta dejar al gobierno con cero opciones más que la salida. 

Desde México, Evo twittea por la paz.

JUEVES 14

Adelanto el viernes de siluetas.

VIERNES 15

Fui a Psychodrame solo porque decía Rossellini y únicamente tengo para decir que ahora sé lo que es el psicodrama.

A dog called Money podría echarle un ojo a The house is black, un videoensayo sobre una colonia de leprosxs en Irán que ni cerca comparte la propuesta pero se anota más logros que objetivos tenía en el libreto. Si Malick la viera se encontraría en un par de cosas y quizás repensaría otras.

La poesía sacra y profana y las voces en off de The house is black hacen un contrapunto que trabaja como un escalpelo. Los primeros planos me llevan a Dreyer y se me ocurre la siguiente diferencia: la vista del tribunal de sacerdotes que juzga a Juana de Arco en La Pasión… está puesta en ella, y la vista de Juana está puesta en Dios; en The house is black las caras buscan al espectadorx. Lo mismo con los pies, las manos o lo que queda de ellas: muchas de estas tomas arrancaron comentarios de las Señoras que tenía al lado (es increíble la capacidad de succión que tiene el cine sobre las Señoras; siempre recuerdo unas que se reían en Sleepless night stories cuando un caballo blanco se mete dentro de un museo, como si participaran de una travesura). La película es confrontativa al punto de girar el tablero y obligarte a moverte en el asiento, pero no te patea la silla ni te hace transpirar como -se me ocurre- las más ásperas de Kim Ki-duk, donde hay una violencia roma y orgánica: va detrás de su objetivo declarado de suprimir la fealdad y aliviar a las víctimas de la lepra. De alguna manera esto deposita mucha más confianza en el poder mágico del cine, es decir, en la transformación del espectadorx por la experiencia, de lo que estamos acostumbrados a cruzarnos.
Khaneh siah asd (“la casa es negra”) es la respuesta de un chico leproso a la consigna “escriba una oración con la palabra ‘casa’”.

La peli está en Vimeo en calidad catástrofe. Su directora es Forugh Farrojzad, también poeta iraní, cuya biografía merece una visita.

Nina Menkes II

Me resulta complicado decir algo de Phantom love, segunda de Nina Menkes, dado que al momento de escribir esto, los recuerdos de la película son una especie de masa de elementos inconexos flotando en mi cabeza. Me vienen especialmente una pareja de doberman enormes a los que el B&N y los 35 milímetros chupan los rasgos y se ven casi como siluetas. Voy a tratar de ordenar algunos de estos elementos:

Uno. Cuando falla el reconocimiento de narrativas aparece el spotteo de rasgos sueltos para caracterizar “la cosa”. Así, en el cine de Nina Menkes parece ser frecuente el sexo sin pasión, que se lleva los primeros varios minutos de Phantom love. De fondo se escucha el tráfico, cerca, el golpeteo de los cuerpos. La cámara está tan pegada a la espalda del tipo que ahoga el erotismo. La cara de la mujer dice que su mente está en algún lugar muy lejos de su cuerpo. Más adelante, una serpiente repta por el pasillo de un hotel, en una escena surrealista y también sensiblemente (y quizás involuntariamente) videoclipera. Una mujer pasa por al lado como si no existiera. Nota: surrealismo. Otra nota: simbolismo fálico (y bíblico, bueno). Nota de trabajo: ante todo, lograr la síntesis de la forma más gratuita posible, después de todo, surrealismo y psicoanálisis son primos hermanos. Lovecraft decía que el psicoanálisis es simbolismo pueril; una de las descalificaciones más sintéticas y hermosas que leí, cortesía de Houellebecq. Y Sontag decía: ojo con leer en el tanque de El Silencio un falo gigante que irrumpe en escena. Yo creo que en algunos casos las lecturas están bastante regaladas. Las serpientes, muy a su pesar, arrastran demasiado simbolismo con solo reptar unos segundos en pantalla.

Dos. En la película hay dos hermanas, una en estado calamitoso (la otra es la que cogía en la escena anterior), que desaparece y se lleva los doberman con ella. La hermana en estado no calamitoso trabaja en un casino, como la protagonista de Queen of Diamonds.

Tres. Una escena de levitación a la Tarkovsky (más que Friedkin) donde el cuerpo flotante se desmaterializa a la Lynch. Lo cual me lleva al parentesco más que aparente entre él y Menkes. Hay una forma común de tratar lo extraño, pero Lynch depende más del sonido para enrarecer la imagen conocida (las más de las veces un drone abrasivo) y Menkes reposa más en la cotidianeidad, el hastío y por ahí la desazón. Lynch prácticamente nunca hace pie, a no ser para establecer una realidad a ser descompuesta pronto, con la que no tiene ningún compromiso. Digamos que la surrealidad de Phantom love proviene de algún lugar subjetivo dentro de la película, mientras que en Lynch no hay subjetividad a la vista: todo interactúa en el mismo plano terrible de objetos y caracteres. Por eso podemos relacionarnos mejor con Menkes, y por eso Lynch nos resulta más ganchero.
Si recuperamos el punto inicial nos queda la siguiente galería: la levitación en Tarkovsky tiene carácter espiritual, en Menkes expresa el estado del Yo y en Friedkin ¡es el Diablo! No recuerdo particularmente una escena de levitación en Lynch (seguramente la haya), aunque sí hay un bacanal de fenómenos aledaños. Intentar asignarles una esfera requiere un esfuerzo mayor que el que estoy dispuesto a hacer por el momento.

SÁBADO 16

Me había propuesto descartar competencias y Hora Cero para ahorrar en café y en lugar de eso agarrar tres ciclos: blaxploitation, Nina Menkes y Djibril Diop Mambéty. Salió mal. Menkes tuvo suerte, de blaxplotation vi cero y de Mambety sólo una: Hyènes, que resultó ser su última película. De forma similar a con Los muchachos de antes… me tuve que fumar un “dialoga con estas otras películas”, lo cual adelantaba una experiencia incompleta.

Hyènes (Hienas) es el cuento de un pequeño pueblo de Senegal llamado Colobane al que regresa una mujer enriquecida en su vejez y alborota un poco todo. Su estructura más o menos tradicional podría repeler el evidente comentario sobre el colonialismo, pero la película es, esencialmente, una reelaboración concebida para hablar de lo que quiere hablar. Se trata de una adaptación de La visita de la anciana dama (Der besuch der alten dame) obra de teatro del suizo Friedrich Dürrenmatt, publicada originalmente en 1955. De su argumento simple y por ahí arquetípico viene la impresión de que estamos ante una historia ya contada. La dama en cuestión es Linguère Ramatou, una mujer que se fue a Europa luego de que su amante Dramaan, hoy dueño de una taberna-almacén, la abandonara estando embarazada y presentara testigos falsos para expulsarla del pueblo. A su vuelta, Linguère Ramatou es “más rica que el Banco Mundial” y usa los medios adquiridos para ajustar cuentas con Dramaan. Este argumento tira obvias coordenadas para un drama humano de corte moral que en algún punto se encuentra con la relación enferma del continente africano con el capital extranjero.
Relato aparte, mi experiencia de la película fue casi totalmente erótica. Hyènes es perfecta de la manera en la que una película de Bergman es perfecta. O una obra de Ibsen. O esos discos que clavan 45 minutos donde todos los temas son excelentes y además parecen ordenados y distribuidos en total armonía. Es decir, una forma de componer, no de valorar. Mambéty hace oro de cada plano, a veces a expensas de lo que está pasando, o más bien lo que está pasando es ese tremendo cuadro en pantalla. La temporalidad es difícil de determinar: personajes arquetípicos juegan para el lado de lo atemporal; de a ratos estamos en un pueblo muy pobre de Senegal y al momento siguiente habitamos una dimensión extraña que dice George Miller o incluso Proyas en Spirits of the air, gremlins of the clouds. La pobreza significada no impide que el personaje-pueblo sea un gran despliegue de color que entra y sale de cuadro como las multitudes de Kurosawa. Hay algunos elementos cuya obvia simbología desborda la armonía general (¿Qué es la oriental con esposas en el cinturón que compone la comitiva de Ramatou? ¿Y el loco-del-pueblo, personaje-testigo a la Kieslowski que deambula por la periferia? Ni hablar de la consumación final de los términos de Ramatou con la desaparición o exhumación de Dramaan, ejecutada ritualísticamente por el pueblo en su totalidad) pero a la larga todo aporta a la gran experiencia estética que es Hyènes. El pathos de Dramaan se ahoga en su propio despliegue al punto que acordamos con la sentencia si eso significa participar de tan increíble juicio. Después, con el conflicto apaciguado y los colores apagados, podemos volver y rumiar el significado de las cosas. 

Hyènes puede verse en YouTube, en calidad escarnio. Touki bouki, película anterior de Mambéty de algún modo relacionada temáticamente, puede descargarse por torrent en todo su esplendor.

Planta permanente

Peter llega tarde al Auditorium y me entretengo viendo una procesión interminable de rosariobléfaris entrar a la sala sentado en un cubo blanco de madera, provisto por la organización del festival.

Planta permanente, del tucumano Ezequiel Radusky, es una peli de coyuntura para la sensibilidad kirchnerista. Vamos por partes.

Dos trabajadoras de limpieza de la Secretaría de Obras de la Provincia llevan un comedor (clandestino, digamos) en el interior del edificio donde comen el resto de lxs empleadxs. Con el cambio de gobierno, cambia la dirección y la continuidad del comedor se pone en riesgo. También hace acto de presencia aquel primer drama del macrismo que teníamos un poco olvidado: los despidos masivos en el sector público, acá expresado en el pasaje a planta permanente de lxs que se quedan y la cesión sin aviso de lxs que se van. En este marco surgen diferencias entre ambas trabajadoras (también son amigas), que olvidan rápidamente la verdadera causa de su malestar echándose la culpa entre ellas.
Planta permanente es una película de coyuntura porque relata el macrismo y lo hace desde una óptica largamente conocida. Incluso hacen su aparición los estandartes de la precarización laboral, es decir Rappi, Glovo o lo que sea, señal inequívoca del macrismo tardío. Vienen con humor agrio: la hija del personaje de Rosario Bléfari, despedida de la secretaría, encuentra trabajo rápidamente bajo el ala de una de esas empresas y le sabotea la flamante cantina a Lila, el personaje de Liliana Juárez, que acaba de conseguir el permiso de la jefa. La claridat ¿no? Parándome un poco, me pregunto si Planta permanente dice otra cosa que la que estuvieron diciendo los medios opositores todo este tiempo. Por ahí dice esto otro: el macrismo también destruye amistades. La película termina en una nota baja, posiblemente porque nadie vislumbraba una salida para cuando se terminó de filmar. De lo contrario (y está cantadísimo) no hubiera resistido hacerle un mínimo guiño a la Esperanza. Creo que esto la hermana de alguna forma con I, Daniel Blake de Ken Loach, que establece su working class hero y, como tal, muere de un paro antes de poder operar un mínimo cambio en el sistema que lo enajena y lo maltrata (o antes de que llegue Jeremy Corbyn). En Planta permanente la cantina va a licitación y es atropellada por la propuesta de un niño bonito macrista que las tenía todas a su favor. La última escena funde a negro con las protagonistas masticando el garrón.
Así y todo la peli es cagona y de a ratos bastante expositiva. Conocemos todos los signos del relato: alcanza con revisar titulares de diarios y los posts de Facebook que estuviste compartiendo este último tiempo. Obvio que tiene sus momentos: la parodia de Vidal arrancó aplausos y carcajadas en la Piazzolla; el despido del empleado viejo y la ansiedad general en cada escena de check-in me dieron algo en la panza. Pero fuera de eso hay casi nada. Se me ocurren dos espectadorxs para Planta permanente: unx que conoce y festeja o hace catarsis con cada uno de estos signos políticos y otrx que es incapaz de decodificarlos y por lo tanto asiste a un drama humano entre dos amigas y compañeras de trabajo. Ninguna de estas dos experiencias es exactamente una montaña rusa.

Volviendo a Ken Loach, creo que existe una sensibilidad kirchnerista (la progresista autóctona) y una sensibilidad de izquierda. La épica del kirchnerismo en el poder es la épica nacional, la épica del kirchnerismo lejos del poder es la de la gente común que pierde su trabajo. La de la izquierda, por otro lado, es la épica de la clase obrera en su totalidad. Hablar de la clase obrera hoy, para quienes tienen el acceso a los recursos del cine, significa hablar de sus miserias, bajarla a la escala de la familia partida que aguanta. En manos de Tsai Ming Liang (Stray Dogs), por ejemplo, la miseria se convierte en una especie de friso. Lejos, bastante lejos, quedaron las épicas en clave menor como Tierra y Libertad o incluso, y por qué no, La terra trema, película que aúna ambos elementos y también cierra en una nota baja. A César González le gusta decir que Visconti era un aristócrata que sin embargo filmó la lucha de clases.

Astrología

Tomamos mates en la costa y aprendí que mi signo solar es Acuario, mi ascendente, también Acuario y mi signo lunar, Capricornio. Todo el mundo coincide en que estoy al horno y sigo sin saber por qué.

Nina Menkes III

Usé la palabra “opaco” para hablar del cine de Nina Menkes ya dos veces. Sin contar el corto, The bloody child sería la más opaca de todas las que vi, aunque a la larga puede ser un rompecabezas al que sólo le faltan un par de piezas, que Nina deja sueltas para no hacer demasiadas concesiones. Una vez armado queda así: dos soldados detienen un auto en un control fronterizo para encontrarse con un marine trastornado que amasijó una piba y lleva su cadáver en el asiento de atrás. Las escenas de este episodio, y otras complementarias o anexas por corte, se suceden intercaladas (y con el orden cronológico alterado) por una hora y pico hasta que podemos hacernos una idea del cuadro general. Una cita de la Biblia a pantalla negra aparece al final para confirmar que la peli no tiene la más mínima intención de que la entendamos.
A la salida volvemos sobre algunas escenas y hacemos conjeturas sobre el significado. Peter, por ejemplo, asocia escenas surrealistas con la psiquis profunda de los pibes a los que acompaña en el trabajo. Un flaco que fuma cerca nos escucha y se nos acerca para explicarnos las claves de lectura que tiró Nina en la primera función. Nos deja más o menos igual que antes. Yo comento que aunque haya entendido poco y nada, hay una o dos imágenes de la peli que difícilmente olvide.

Bolivia

La policía y las fuerzas armadas bolivianas, pertrechadas con plomo, gases y un decreto presidencial que las exime de responsabilidad penal en «el cumplimiento de sus funciones constitucionales», rompen el bloqueo de la planta petrolífera de Senkata, matando a cinco personas. Se suman a lxs más de treinta que van en la semana, además de más de setescientxs heridxs, según la CIDH. Manifestantes cargan féretros y marchan en dirección a La Paz, recibiendo gases como respuesta. Que yo sepa, hay un solo policía muerto.

DOMINGO 17

Escribí una reseña de Family romance, LLC para Letra Celuloide.
Herzog dijo que no es un documental, que se trata de una fabricación absolutamente guionada, pero que la sensibilidad japonesa pasa exclusivamente por lxs actores japoneses. En criollo, que hay una cuota de improvisación. También que la mayoría de sus documentales no son tales, sino que son largometrajes altamente estilizados llenos de cosas que le faltan el respeto a las convenciones del género.

Ah, y que no piensa retirarse mientras la curiosidad le dure. “I’m not an artist, I’m a soldier”. Festejemos.

Stahl

Última función suspendida: Imitation of Life de John Stahl, para tomar mates con Belén. En otras circunstancias hubiera priorizado su retrospectiva, porque yanki, pero creo que tuve una sobredosis de yankis en el último tiempo y estaba para otra cosa. Saqué entradas únicamente porque tenía un hueco y se llamaba igual que un tema de REM. A esta altura me merezco un repudio de la organización y la concurrencia del festival.

Atlantique

Atlantique es un gran argumento en contra de ver trailers y leer sinopsis antes de ver películas. Usualmente están editados o escritas por gente malintencionada y, en general, reumnerada. Es decir, mercenarios o sicarios.
Va alrededor de media hora en clave de realismo social (incluso con un hilo de policial) cuando un twist sobrenatural sacude el verosímil. Y qué satisfacción. Los espíritus de un grupo de varones que partieron de Dakar y se ahogaron en una tormenta, poseen a las mujeres y a través de ellas buscan retribución de su patrón de obra, que les debía meses de paga. El policía que investigaba un caso relacionado se convierte de pronto en el blanco de uno de los espíritus, el de Souleiman, que dejó atrás a su chica Ada. La tentativa de policial se estrella cuando el detective se esposa en su propio departamento para evitar hacer cosas contra su voluntad. Un grupo de chicas con los ojos en blanco camina por la noche de Dakar e irrumpe en la casa del patrón, obligándolo a cavar las tumbas de los muertos y pagarles en efectivo el dinero adeudado.
La peli es una apuesta razonablemente jugada que sale bien. Por ahí tira demasiados elementos a la olla (es un mishmash de por lo menos tres géneros) pero compensa con un tono lovecraftiano aggiornado que hace de aglutinante (a Lovecraft le hubiera dado asquito). Un amigo acuñó el término “horror atlántico” para referirse a la twilight zone que se genera de noche, frente al mar, en la oscuridad total. A lo sumo con el fulgor tenue de algas luminiscentes agujereando el negro. En Atlantique, la oscuridad, la humedad y el viento nocturno parecen arrastrar fantasmas. Diop obtiene el tono sin abandonar el registro realista, apoyándose en el ambient atmosférico. Si produce magia es a través de elementos cotidianos de materialidad probada, como espejos y luces de boliche.
La resolución es extraña: los espíritus de los varones vuelven al bar en la playa donde solían juntarse con las chicas. Ada tiene sexo con Souleiman en el cuerpo del detective, consumando su amor de manera oblicua. La escena está filmada para el romance, con espejos que revelan las verdaderas identidades y todo, pero no podemos evitar arquear una ceja. Quizás un conocimiento más profundo de las creencias yorubas nos aclare algunas cosas.

Atlantique es, a su manera, una película para todo el mundo (se la recomendaría a mi vieja), y como tal, ya puede verse por Netflix.

Mati Diop es la sobrina de Djibril Diop Mambéty y la hija de Wasi Diop, músico que compuso la genial banda sonora de Hyènes. Además de clavándola en Cannes, se la puede ver hablando inglés raro con el resto del cast de la no muy fumable Hermia & Helena de Matías Piñeiro.

LUNES 18

Hoy hay cine gratis y me quedo en casa.

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